Ya hace un año

En realidad todavía no, porque estoy escribiendo cuando se termina abril.  Pero falta poco y pasó mucho.

Una amiga me preguntó hoy si iba a tener ganas de ir a su cumple el domingo de la semana que viene.  "Sí, no es ese día el aniversario, es al día siguiente".  Igual me preguntó por la proximidad.  "Mirá, lloré todo el año y voy a seguir llorando el resto de mi vida.  Pero si no voy a tu cumpleaños, Ale me mandaría a la mierda".

¿Cómo es que esa amiga se acuerda que un día después de su cumpleaños murió Ale?  No llegaron a ser amigas entre ellas.  Pero íbamos a festejar su cumple, virtualmente gracias a la pandemia, y le dije que no estaba de ánimo.  Se ve que se quedó grabado en su cerebro el impacto que tuvo, porque tampoco tuvo ganas de festejar.  Aunque no hubiera llegado a ser su amiga.  O tal vez sea porque todos los 9 hablo públicamente de Ale.


Y mi amiga me dice que lástima que no llegó a conocer más a Ale, que la va conociendo a través de lo que yo cuento.  Le confesé que yo también la sigo conociendo, por lo que me cuenta mi amiga por la que la conocí, o por lo que recuerdan otras personas, o por lo que encuentro de ella en internet.  Justo el miércoles tuve que buscar un dato sobre su vida y ella misma me lo dijo.  Le había hecho una entrevista el médico que la había operado, que luego fue su obstetra y pediatra de sus hijos, "mi médico" lo llamaba.  Él tenía, y sigue teniendo, un programa de radio y le hizo una entrevista.  Porque Ale se hizo famosa sin quererlo.  A Ale le trasplantaron un hígado de un chico de 19 años (ahora sé que tuvo un accidente en moto en Mar del Plata) en el Argerich y dos años después fue la primera mujer trasplantada en el país que fue mamá después de la operación.  Entonces, cada vez que era el cumpleaños de su primogénito (porque 5 años después nacería su segundo hijo) la llamaban para hacerle alguna nota.

Fue raro escucharla en un grabación de hace casi 8 años.  Era como si estuviera acá todavía.  Fue shockeante y al mismo tiempo me puso feliz.  "Yo sabía que ella misma me iba a responder la pregunta número 2 que me hizo (mi sobri) Nico sobre ella y su trasplante, que cuánto tiempo tardó en aparecer el donante".  Porque nunca le pregunté nada sobre eso.  O casi nada.  Soy una negacionista, lo admito.  Nunca quise saber sobre los trasplantes. Apenas ella se fue investigué; necesitaba saber si se había ido por eso o por otra cosa.  Y ahí me enteré: los trasplantes funcionan durante un tiempo limitado, no es que el reloj vuelve a cero; al contrario, se acelera.  Sin embargo... creo que el caso de Ale fue excepcional por la duración.

Desde entonces pienso que Ale tuvo tres vidas: la primera duró 20 años; la segunda, cuando estuvo enferma, duró 10; y finalmente, cuando volvió a nacer como ella misma decía, duró 26, o sea que fue la más larga.  Y 26 años después de un trasplante hepático es un montón, no sé si hay tantos casos de sobrevida tan larga.

¿Cuánto falta?


Esa pregunta estaba en su whatsapp y nunca le pregunté qué significaba.  Cuando se fue le encontré un significado, o más bien completé la pregunta.  ¿Cuánto falta
 para que los medicamentos inmunosupresores dejaran de funcionar para siempre, para que todo falle y se termine?

Se me caen los mocos mientras escribo.  A veces, las menos, la recuerdo y me río.  Las más, lloro y puteo.  Aunque en el fondo agradezco, porque la llegué a conocer y compartimos muchos buenos momentos.  Hubiera querido más, claro.  Hubiera querido ser más conciente de lo que le pasaba, de lo que se veía venir y haber disfrutado más intensamente, si era posible, cada momento con ella. Querría tener más fotos, más videos, más recuerdos.  Más abrazos.  Al menos uno más.  La última vez que hablé con ella me lo confesó.  "Te dije que saliéramos a caminar porque si nos quedábamos quietas charlando te saltaba encima y te daba un abrazo". 

Puta pandemia que nos quitó la posibilidad de un último abrazo, y de tantos otros en ese año y medio.  En los tres sueños que recuerdo con ella (tal vez tuve más y no me los acuerdo) la abracé.  Los tres eran distintos, en distintos lugares, con más o menos gente, con distintas reacciones de mi parte, pero la abracé las tres veces.  Eso hubiera querido cuando me enteré que estaba internada por última vez, un abrazo más, pero no pudo ser.

¿Y qué me queda ahora, además de la tristeza y los recuerdos? Hablar de ella.  Averiguar sobre ella.  Escuchar sobre ella.  Compartir sobre ella.  Así como esta amiga me dice que la va conociendo a través de mí, otra amiga que no la llegó a conocer me dijo "pucha, yo quiero una amistad como la tuya con Ale".  Fue un lanzazo en el alma.  ¿Alguien envidiándome una amistad?  Y sí, porque en los últimos años hicimos tantas cosas diversas juntas que no sé con cuántas personas tuve tanta compatibilidad como con ella (¡mierda, cómo te extraño, amiga! ¡se me taparon los oídos de tanto llorar!).

Dice que las personas no se van del todo si alguien las recuerda. Sé que a Ale siempre se la va a recordar en el Día de la donación de órganos, pero quiero que se la recuerde por más que eso.  A veces ni mencionan su nombre, sólo el hecho de haber sido la primer trasplantada que luego fue madre.  Ale era tantas otras cosas que es injusto reducirla a eso.  Así que este blog ahora va a ser sobre ella, María Alejandra Obaya, alias Sor Alejandra dentro del campamento de Peregrinus Albus, María Obaya para quienes la conocen como "
la primer trasplantada que luego fue madre", #MiAle para mí.

Quiero averiguar sobre esto: sé que fue una de las primeras guionistas mujeres de la revista Fierro. Veré qué puedo encontrar al respecto, así seguimos conociendo a Ale.

P.D.: acabo de conseguir dos revistas Fierro en pdf.  Estoy literalmente temblando de la emoción.

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